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LA PEOR CRISIS ECONÓMICA DE LA HISTORIA Y UNA CRISIS POLÍTICA
EN LA PUERTA


  Economía y Política - 09/07/2020



 
         Toda crisis económica en la historia de nuestro país ha desembocado en una crisis política. Sin embargo, nos encontramos con un escenario, desde el punto de vista político, mucho más complejo que este análisis simplista. En estos momentos existen cinco factores que determinarán el descontento popular y el futuro político del país, a saber:
 

 
-          La Economía
 
          No es una exageración cuando se anuncia que nos encontramos frente a la peor crisis económica de la historia del país. La actividad económica en Argentina registró un derrumbe interanual del 26,4 % en abril pasado (Dato divulgado por el INDEC). Este dato supera el derrumbe del 16,7 % registrado en marzo de 2002, el peor dato de la crisis económica y social del 2001-2002. En el primer cuatrimestre del año, el indicador acumuló una contracción interanual del 11 %. Los analistas pronostican una caída en este año de entre 11-12 %. Sin embargo, estas proyecciones estiman que la actividad se reabriría para lo que resta del año (lo cual, por el momento, se encuentra lejos de la realidad). Adicionalmente, la economía ya llevaba dos años en recesión con caídas del PIB del 2,5 % en 2018 y del 2,2 % en 2019. Habíamos caído a planta baja, y ahora estamos en el subsuelo. A nivel regional, esta será la peor caída económica, y entre las 6 peores del mundo (y empeorando); superando por el doble, por el momento, la caída promedio del mundo (que el FMI estima en 4,9%).
 
      Al mismo tiempo, las cifras de pobreza se ubican en torno al 50 %, concentrándose en la población más joven, lo cual destruye capital humano y embarga el futuro económico del país (siendo el peor registro de la historia de la nación). El empleo informal superará holgadamente al formal, y su contracción se registra en todos los sectores de la economía (menos en el sector público, en donde creció); con cierres masivos de empresas. Y la inflación, que por el momento se encuentra contenida por la baja velocidad de circulación del dinero, las deficiencias en la medición en cuarentena y el maquillaje de los precios cuidados, se disparará en cifras que llegarán a estar cerca de los tres dígitos (como hemos venido advirtiendo, dado el descalabro de las cuentas fiscales que llegarán a acumular un déficit de 10 puntos del PBI, y la gran emisión monetaria para financiarlo que por el momento se encuentra esterilizada con LELIQs y Pases).
 
        El escenario se presenta sombrío, y de una u otra forma, el hambre y la desesperanza tocará la puerta de todos los argentinos. Por el momento, el gobierno sólo alimenta la esperanza de una recuperación, gracias a un “plan económico” que tendría oculto pero preparado y bien meditado. Claramente este es un discurso que genera un misticismo mágico propio de países en donde la figura del caudillo salvador juega aún juega un rol en el imaginario colectivo. Sin embargo, al mismo tiempo es un recurso peligroso que tiene como contracara generar frustración por expectativas que no podrán cumplirse. En este sentido cabe la pregunta: ¿que será “cumplir”? Nos podremos encontrar en un escenario sombrío y sin embargo registrar cierto nivel de crecimiento económico como consecuencia de un rebote técnico, el cual el Gobierno presentará de manera desesperada para calmar el descontento como logros de la gestión económica.
 

 
-          La Pandemia y la Cuarentena
 
            Otro dato muy relevante en cualquier análisis situacional, en estos momentos, es la evolución de la Pandemia por el virus del COVID-19. Llevamos más de 100 días de cuarentena la cual se ubica dentro de las más extensas del mundo y, después de Perú, la más estricta. Sin embargo, los datos relativos al contagio han ido empeorando superando de manera holgada los 3.000 casos, ya en los mismos niveles, hoy por hoy, que los que tiene por ejemplo Perú (el cual se encuentra en un descenso vertiginoso de la cantidad de nuevos contagiados). Por su parte, mientras en un primer momento el presidente había anunciado que terminaríamos como Suecia, hoy hemos superado a Suecia en cantidad de contagiados. Claramente este análisis tiene una lectura superficial e incorrecta, dado que no respeta el orden de magnitudes (respecto a la población que tiene cada país). La crítica acerca de la falta de testeos es un reclamo que no ha cesado desde el inicio, y si bien ahora se están comenzando a hacerse un poco más de testeos, lo cierto es que tenemos una tasa de positividad muy alta (la más alta de la región, y entre las 10 más altas del mundo), lo cual sugiere que no es lo suficiente (siendo la única explicación oficial que dicha tasa se explica por la manera en la que se focaliza el relevamiento). Probablemente la cantidad de contagiados sea mucho mayor. Pero como nos tienen acostumbrados los políticos en argentina: “cuando no te gusta lo que indica el termómetro, ¡Rómpelo!”
 
           En términos políticos, lo cierto es que, al generar la promesa en torno al “control de la pandemia”, se ha alimentado la idea de que nos estamos salvando de tener tantos contagiados por Coronavirus; y este análisis es erróneo. La cuarentena, cuando se habla de “aplanar la curva”, no busca disminuir la cantidad de contagiados, sino que intenta evitar el colapso del sistema de salud y así evitar los muertos que la congestión de dicho bien público podría generar. No obstante, debemos de recordar que se están agravando los problemas de salud vinculados con la depresión, otras enfermedades mentales, enfermedades cardíacas y aquellas que están íntimamente vinculadas con los bajos ingresos (producto de la crisis económica). El recuento, cuando se haga, será totalmente desfavorable para los que sostuvieron la cuarentena estricta como estrategia de combate frente al coronavirus, dado que ni las peores conjeturas de muertos por el colapso del sistema de salud se acercan a los provocados por la misma cuarentena. Este recuento ya es un hecho en el mundo, en donde se estiman decenas de millones de muertos a causa del hambre que genera la crisis económica (medida por la FAO), y un desmejoramiento generalizado de la salud de la población mundial. Sólo en Latinoamérica, habrá 45 millones de nuevos pobres. Por el momento, la medicina es peor que la enfermedad en términos sanitarios.
 
            Hemos tenido, por otra parte, algunos logros en el control de la pandemia. Nuestro sistema de salud no se encuentra colapsado, siendo que solo se ocupan sólo el 60% de las camas de terapia intensiva en el AMBA (aunque la mayor parte de los pacientes no son en absoluto enfermos con coronavirus), con varios elogios por la gestión de la Pandemia (claramente por organismos Internacionales: Estados elogiándose a ellos mismos por su gestión). Por su parte, el índice entre nuevos contagiados, y aquellos que ya no pueden contagiar más a otros (sean porque se curaron, o porque fallecieron) se encuentra cercano a uno, lo cual indica que estamos, al menos de manera virtual y condicionado a que no siga aumentando de manera vertiginosa el número de nuevos contagiados, en la etapa culmine de la pandemia.
 
             Si bien, al final de la historia sabremos cual fue la mejor estrategia, lo cierto es que por el momento la que ha adoptado el gobierno nacional no muestra ser, ni por asomo, la mejor. Cuando el argentino sepa el final de la historia y salga de su letargo, producto del aislamiento y el miedo a la muerte, se chocará inevitablemente con la verdad y, como de costumbre, comenzará a repartir culpas.
 

 
-          La Cohabitación
 
          El Gobierno en Argentina presenta una cohabitación de distintos bloques y con fuertes personalidades que nuclean en torno a sí fuertes movimientos populares. Este equilibrio se sustentó en las habilidades como armador político de Alberto Fernández, su ideología ambigua que permite moldear pequeños consensos, y el objetivo único en cara de las elecciones presidenciales y parlamentarias del 2019. En la actualidad, la virtual paz que tanto el aislamiento, como el miedo por la muerte, han generado aseguran que dichas fuerzas y personalidades no entren en fuertes confrontaciones. Sin embargo, esta situación resulta del todo inestable. Cuando se haga presente el descontento popular, y los movimientos sociales se reactiven, veremos tambalearse el escenario y surgirá el conflicto que, por el momento, tenemos escondido debajo de la alfombra.
 
           Una de las ventajas que tendrá el Gobierno, desde el frente partidario, será la actual base de sustento electoral con la que cuenta. Su imagen “peronista” lo reviste de ser la alternativa que la sociedad identifica como la más allegada al “pueblo”, en relación a las otras fuerzas políticas (aunque en un futuro tanto los Kirchner, como Massa, pueden socavar dicha imagen). Por el otro lado, también cuenta con el hecho de que este es su primer año de gobierno, y aún puede deslindar culpas y redirigirlas al anterior. Sin embargo, sabemos que este hecho es transitorio, y a medida que vaya pasando el tiempo el discurso de la herencia macrista irá desapareciendo, y la sociedad exigirá resultados.
 
 

 
-          Deuda Externa
 
         Uno de los grandes objetivos económicos, por no decir el único, que se ha fijado el Gobierno Nacional, desde que asumió, ha sido la renegociación de la deuda. Tal así que el actual ministro de economía ya se le conoce como el “Ministro de la Deuda”. Lo cierto es que, hasta el momento, en este frente de batalla los resultados han sido paupérrimos. Los mayores acreedores de la deuda externa argentina han rechazado en reiteradas oportunidades los ofrecimientos del país, y la oferta pública (la cuarta hasta el momento), a pesar de que se acerca más a las pretensiones de los acreedores, ya ha sido rechazada por estos.
 
      Existen varios factores que posibilitan el cierre de un acuerdo por la reestructuración de la deuda, así como factores que la dificultan. Entre los factores a favor se encuentran: la participación en empresas argentina de los acreedores de la deuda argentina, siendo que adicionalmente a las inversiones financieras que aquellos tienen en Argentina, también son acreedores de acciones de distintas empresas argentinas (principalmente en los sectores del agro, la minería y los hidrocarburos) las cuales, de entrar el país en default, se verían perjudicadas con la pérdida de su valor; el apoyo internacional al Gobierno argentino, tanto de distintos Gobiernos como del FMI (el cual se encuentra en una situación compleja y en pugna con los demás acreedores de Argentina, le conviene un acuerdo favorable entre Argentina y sus acreedores privados, para conseguir uno mejor en la reestructuración de la deuda que seguramente tendremos con ellos); y por otro lado, la desesperación del Gobierno Nacional que, luego de destinar tanto esfuerzo en este objetivo, concentrando toda su energía en lo económico, le representaría un costo político muy alto no cerrar un acuerdo. Por otra parte, entre los factores en contra se encuentran: la escasa incidencia que tienen los bonos defaulteados en la cartera de inversiones por parte de los acreedores, en donde dichos créditos conforman sólo una pequeña parte; los fallos judiciales a favor de los acreedores externos de deuda argentina en los circuitos judiciales de New York, donde si antes el principal protagonista fue juez Griesa, hoy lo es su sucesora la cual mantiene su misma línea; el reciente acuerdo de reestructuración de deuda por parte del Gobierno ecuatoriano con mejores condiciones que aquellas que ofrece el Gobierno argentino; la falta de proyección macroeconómica de Argentina, que vuelve inconsistente cualquier acuerdo de deuda que, por lo visto, volverá a romperse y que deberá re-reestructurarse; el descontento por la estrategia y hostilidad con la cual los acreedores perciben al Gobierno argentino en las negociaciones por la deuda.
 
      Las diferencias de posiciones, en términos contables, se encuentran muy próximas. Sin embargo, las principales dificultades estarán por el lado de las condiciones legales. Lo cierto es que ambos tienen en miras la inviabilidad del acuerdo, con ello las condiciones en las cuales las partes se encontrarán en una nueva reestructuración de la deuda. Lo más gracioso, o trágico, de esta historia es que, al ser pública la negociación, la primera oferta el Gobierno la había presentado como el mayor esfuerzo que podía hacer la nación, único acuerdo que podía hacer “sustentable” la deuda; en estos momentos, con una oferta muy por encima de las condiciones iniciales y con un escenario mucho más complejo que el inicial, solo nos resta preguntarnos: ¿ahora la deuda sí es sustentable?
 
       Probablemente, con los grandes costos que representaría para el Gobierno argentino no conseguir un acuerdo, y dado que los “detalles” del acuerdo, fuera del total a pagar, como lo son las condiciones del acuerdo, no son lo suficientemente visibles para toda la sociedad de manera que se traduzca de manera inmediata en costos políticos (dada la complejidad técnica de los detalles), se llegue a un acuerdo. Sin embargo, el desarrollo de las negociaciones tiene un final abierto, y el Gobierno tiene mucho más para perder que los acreedores. Si la sociedad hace una lectura correcta del acuerdo, será muy perjudicial para el Gobierno, terminando de quemar el poco capital político que le pueda quedar. Sin embargo, el discurso de “la herencia Macrista” de la deuda, como “Gobierno neoliberal y cipayo que dejó endeudado al país”, aún puede ser una carta que seguramente utilizará el Gobierno, y quizás ello lo lleve a radicalizar el discurso.
 

 
-          Inseguridad y Corrupción
 
       Si bien aún este no es un problema que haya desatado todo su potencial, distintos dirigentes políticos advierten que la inseguridad y el desborde social serán problemas frente a los cuales, ineludiblemente, deberá de enfrentar el Gobierno. Aún queda grabado en la conciencia popular los hechos de saqueos y desobediencia civil generalizada de la crisis 2001-2002, y su fantasma atemoriza a un buen sector de la sociedad.
 
       Por otro lado, y más allá de las patológicas irregularidades que presentan las causas judiciales cuando aquellas se proponen investigar a funcionarios y exfuncionarios, o personas vinculadas con el poder, lo cierto es que cierto sector de la sociedad, que no es para nada despreciable, desea ver “sangrar a los poderosos”. Esta demanda social de justicia no está siendo para nada satisfecha (incluso diría que todo lo contrario), y la sensación de “desigualdad frente a la ley” de algunos sobre otros genera un desgaste de la paciencia social que terminará, tarde o temprano, por estallar, más allá si sus pretensiones son válidas o no (para lo cual el análisis se vuelve sumamente difícil, sea tanto por la complejidad de los hechos y las pruebas con las que se cuenta, así como por la ideologización que tiñen todos estos procesos de investigación judicial).
 


 
 
        La crisis económica, junto al escenario descrito, podrá tener distintas manifestaciones según cuanto sea el descontento popular. Las consecuencias podrían ser: la radicalización del discurso, en un intento por parte del Gobierno de desviar culpas y aferrarse de aquel sector social por el cual fue votado, apelando a la militancia más dura; un cambio de gabinete, tratando de recuperar el capital político desvinculándose de aquel entorno que lo llevó a perderlo, o simplemente apelando a la “renovación” en vista de generar esperanzas de mejora en la sociedad; quiebre político, con distanciamientos por parte de los distintos actores políticos; un vuelco total de la situación dada, con un plan magno de reorganización económica; o incluso, la crisis política, podría tener un fatal desenlace al convertirse en una crisis de gobernabilidad, en el medio de manifestaciones sociales, desobediencia civil e inseguridad (replicándose, en el peor de los casos, el “váyanse todos”), obligando al Gobierno a la transición.
 
           La crisis en todos los frentes desembocará en una crisis política, sólo debemos esperar para terminar por develar su intensidad.
 
 


Nicolás Baldino Mayer




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